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Con extrema violencia matan a emblematico Kurt Van Dyke

Ángeles y Camotes

Kurt Van Dyke, referente histórico del surf californiano y figura respetada en Puerto Viejo, fue asesinado en su residencia en Hone Creek, Cahuita, en la provincia de Limón, durante lo que las autoridades investigan como un asalto domiciliario.

Tenía 66 años y llevaba décadas alternando su vida entre Santa Cruz, California, y la costa sur de Costa Rica, donde se había consolidado no solo como surfista sino también como empresario hotelero.

Dos hombres armados ingresaron a la vivienda en horas de la mañana. La escena, de acuerdo con los primeros reportes, fue rápida y brutal.

La pareja de Van Dyke se encontraba bañándose cuando los agresores irrumpieron en la casa. Fue sorprendida y atada por los asaltantes, quienes la agredieron físicamente mientras exigían objetos de valor. Ella sobrevivió.

Las autoridades confirmaron que presentó lesiones leves, fue atendida tras el ataque y se convirtió en testigo clave del caso. Su declaración es ahora fundamental para reconstruir la cronología de los hechos y perfilar a los responsables.

Van Dyke, en cambio, fue atacado con violencia extrema.

El OIJ informó que la causa de muerte fue asfixia, además de múltiples heridas de arma blanca. Su cuerpo fue hallado debajo de una cama, con una sábana cubriéndole la cabeza, una imagen que refleja el nivel de agresión del crimen.

Los responsables sustrajeron pertenencias de valor y huyeron en un Hyundai Elantra modelo 2013, propiedad de la víctima. Según la investigación preliminar, escaparon en dos vehículos, lo que sugiere coordinación previa.

El asesinato de Kurt Van Dyke ha provocado una ola de reacciones en medios de Estados Unidos, América Latina y Europa, así como en la comunidad internacional del surf, donde su nombre tenía peso histórico.

La noticia también reavivó el debate sobre la seguridad en zonas turísticas del Caribe costarricense, especialmente en áreas con fuerte presencia de residentes extranjeros y actividad hotelera.

Mientras el OIJ avanza en la investigación y la pareja del surfista se recupera del trauma físico y emocional, Puerto Viejo pierde a una de sus figuras emblemáticas. Y el mar, ese que tantas veces lo sostuvo, queda como testigo silencioso de una despedida que nadie vio venir.